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Populismo misógino

Que el gobierno federal evada hablar de la violencia de género y de la atroz escalada de feminicidios que ocurren en el país no solo dificulta, sino que agrava, la terrible situación que ya se ha convertido en emergencia nacional.

El reciente caso de Debanhi Escobar, cuya desaparición y muerte cimbró no solo  Nuevo León sino a México entero, puso una vez más el acento sobre un fenómeno social que, además de estar lejos de acabarse, se recrudece ante la inoperancia y menosprecio de las autoridades.

Mujeres de todas las edades, condiciones sociales y lugares de residencia, sienten miedo justificado ante la ola de vejaciones de las que pueden llegar a ser objeto en un país donde durante la actual administración poco se ha hecho para protegerlas.

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Y no hablamos sólo del abandono que sufren las mujeres en temas de procuración de justicia, también del menosprecio que se les da desde el poder y el cual incluye, entre otras cosas, la cancelación de políticas públicas ampliamente probadas en beneficio de ellas.

Como muestra, el plumazo que borró de la noche a la mañana las estancias infantiles, programa que, dicho por las propias usuarias, fortalecía el desarrollo integral de las mujeres al contar con espacios adecuados y seguros para dejar a los hijos mientras ellas luchaban por un mejor empleo, un mejor futuro, un mejor país.

A la par, no son pocos los colectivos que han levantado la voz para denunciar que entre las prioridades gubernamentales no se encuentran por ningún lado aquellas relacionadas con la agenda de género. Es evidente que les gusta más regalar dinero e inflar padrones de beneficiarios que salvaguardar a las mexicanas, quienes, aunque a muchos se les olvida, representan más de la mitad de la población.

Un dato: El diccionario de la Real Academia Española define a la misoginia como la “aversión a las mujeres”, descripción que no se aleja del enfoque de gobierno que vemos emanado desde Palacio Nacional y que, desgraciadamente, reproducen también algunos gobiernos estatales y municipales.

Destinados al fracaso están aquellas administraciones que no apoyen, protejan y garanticen el pleno desarrollo de sus ciudadanas. Porque no se puede hablar de un país de futuro sin una visión de género, negar esta realidad es caminar en ciego dando tumbos y arriesgando la vida y el bienestar de millones de mexicanas.

“Por el simple hecho de ser mujer”, nuestras madres, novias, hermanas, esposas e hijas, viven un infierno ante la mirada complaciente de corporaciones policiacas, jueces, ministerios públicos y autoridades de todos los niveles.

¿Cuántas más?, es la pregunta que le duele a México. ¿Cuántas mujeres más tienen que perder la vida para que por fin se ponga un alto al dolor que invade el corazón de millones de familias? ¡Ni una más!, grita, desde todos los rincones del país, el hartazgo social.


Miguel Ángel Sosa

Twitter: @Mik3_Sosa


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