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Pluralidad y polarización

Columna de Jesús Islas 🖋️

Las denominadas: “elecciones más grandes de la historia de México” nos han dejado una nueva distribución del poder político en el país. 

Por supuesto, son muchas las lecturas y reflexiones que pueden hacerse sobre los comicios y sus resultados. Sin embargo, si algo quedó evidenciado a través de este proceso electoral, es el hecho de que la mexicana es una sociedad plural y heterogénea, incapaz de ser reducida en una lógica de simplificación del espacio político como la que plantea el discurso populista.

El voto diferenciado, los márgenes de victoria tan cerrados en algunos casos, así como la distribución divergente de preferencias electorales a lo largo y ancho de los territorios nacional y subnacionales, entre otras cosas más, son indicativos de la riqueza de posiciones políticas y demandas que se expresaron por medio de las urnas el pasado 6 de junio. No en vano, casi todos los partidos y sus dirigentes políticos tuvieron triunfos que presumir.

Así, la buena noticia que confirma el proceso electoral 2021 es que, en un régimen democrático la supresión de la pluralidad resulta imposible. La heterogeneidad económica, social, cultural y política que caracteriza a la sociedad mexicana actual, desborda cualquier identidad populista que pretenda dividirnos entre “pueblo bueno” y “fifís”, o entre “liberales” y “conservadores”. 

Por ello, en términos de representación y juego democrático, resulta una pifia pensar que el porcentaje de votos obtenidos en una contienda electoral, no importando inclusive que se tratasen de la mayoría, pueden reflejar la totalidad del espacio político. Interpretarlo de esa manera no sólo conduce a una inestabilidad representacional, sino también a un distanciamiento de los sectores que han sido excluidos por medio de las urnas, es decir, a la polarización.

Aunque parece ingenuo imaginar un cambio en la deriva personal-populista que ha tomado el autonombrado gobierno de la Cuarta Transformación; en su pretensión por alcanzar la hegemonía, mal haría el presidente en no atender el mensaje de las urnas y, en su lugar, continuar por el camino del reproche y la estigmatización hacia quienes no comparten su visión. 

Por ejemplo, algunos de los análisis que comienzan a surgir con relación a la forma en qué sufragó la sociedad mexicana en estas elecciones, han señalado que el voto de castigo hacia el partido en el gobierno y sus aliados provino de las clases medias, es decir, aquellas cuyos votos fueron fundamentales para el triunfo del presidente López Obrador tres años antes en 2018, pero que, sin embargo, durante su ejercicio de gobierno se han mantenido excluidas de la narrativa oficial y de sus políticas públicas.

“Indispensable para entender las verdaderas razones del triunfo y fidelización alrededor del presidente actual de México; obligada lectura para la oposición.” Sergio Dávila

En suma, ni el presidente ni su partido deberían olvidar que toda aspiración hegemónica requiere de la existencia de una pluralidad y diferencias a aglutinar, pues, sin estas nada habría entonces que unificar hegemónicamente. En tanto que, una vez conformado el arreglo hegemónico, ello no significa que dicho cierre sea absoluto, pues, las diferencias siempre perdurarán en el campo político, de lo contrario estaríamos no hablando de democracia, sino de totalitarismo.

De esta manera, una vez transitado el tema de la competencia electoral y a la luz de la complejidad y heterogeneidad de sus resultados, por el bien del país sería deseable comenzar a edificar las bases de una nueva narrativa social, capaz de retomar como pilar central dicha pluralidad política, a fin de superar esa dinámica perniciosa de polarización excluyente a la que nos han arrastrado los actores políticos durante los últimos años. 

Por supuesto, no se trata de negar las identidades ni las diferencias. Todo lo contrario, la pluralidad se nutre de ellas y resultan positivas para marcar agendas y visibilizar problemáticas y necesidades específicas. Sin embargo, el gran reto colectivo radica en diseñar nuevos mecanismos de negociación que, superando los aspectos objetivos para alimentar un grado de polarización social y política, permitan a los actores políticos y a la sociedad establecer un grado mínimo de racionalidad para la discusión de los problemas y sus soluciones, siempre por encima de las creencias y los afectos tan inherentes en el juego de la política. 

El mensaje está dado por las urnas, no hay duda. Ojalá que nuestra renovada clase gobernante lo entienda y lo atienda.


Jesús Miguel Islas Santiago

@Jesus_Islas

Lic. en Ciencias Políticas y Administración Pública por la UNAM. Alumno de la maestría en Ciencia Política de la Universidad Nacional de la Plata. Ex becario del Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología de la República Argentina.


Los comentarios realizados por las plumas invitadas en dlpoder.com reflejan perspectivas y análisis personales. DLpoder es un medio de comunicación democrático en donde todas las perspectivas aportan valor y son respetadas sin discrepancia.

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Un comentario

  1. Tiene usted mucha razón Licenciado Islas, concuerdo en que la pluralidad es la riqueza fundamental de la democracia; aunque en los últimos tiempos siga habiendo pretensiones de fomentar la sumisión populista y uniformidad de pensamiento. No estamos en Rusia, ni en China y mucho menos en Corea del Norte o Venezuela.
    Aquellos que se esfuerzan por adueñarse de la voluntad de los ciudadanos juegan a los caciques del siglo XVII (en los tiempos de don Porfirio) y quieren repartir la represión y persecuciones que México vivió en los años 70. Ejemplo de eso fue el 10 de junio con el “halconazo”.
    Poro lo bueno según dice el dicho: “No hay mal que dure cien años…”
    Saludos cordiales.

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