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Piso parejo: Suspirantes rezagados

Columna de Alexis Javier Esperanza 🖋️

La meritocracia es la mentira de imaginar que todas y todos comenzamos desde la misma línea de salida, de pensar que sin importar: nuestros fenotipos, ideología, credo, expresiones y preferencias, vamos a competir en igualdad de circunstancias, sin ventajas o atajos, según nuestros méritos, o según nuestro esfuerzo. Es la mentira de un “piso parejo”.

Lo peor de no saber el verdadero significado de las palabras es que confundimos su funcionalidad y las intercambiamos indiferenciadamente. Así como la democracia no es lo mismo que el republicanismo, la igualdad no equivale a la equidad. 

Cuando el Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, pide al presidente “un piso parejo” para la competencia por la sucesión presidencial, hay que entenderlo de dos formas principalmente.

La primera y la más lógica, refiere a que desobedezca la decimonónica tradición mexicana de la regla sucesoria del poder ejecutivo federal, en otras palabras, que guarde sus notables preferencias y no le diga al público promorenista qué es lo que dice su dedito. Que deje de levantar manos en pose triunfante, de elogiar o de regañar en público.

Esta es una mentira absurda que consiste en hacer creer a la ciudadanía que el presidente no tiene un caballo negro y un alfil desgastado por el peso de una complicada capital, pero a la cual estima por encima de su eficiente, pero burocrático secretario; en Ocultar a la opinión pública que le guarda encono y distancia a su coordinador del Senado, y que ignora por completo la posibilidad de que sus partidos aliados de chocolate le propongan una candidatura.

La segunda forma, es una en la que, en palabras del presidente, “se menosprecia el poder del pueblo”, pues recuerda AMLO en las mañaneras, que él hizo una campaña de más de dieciocho años, con múltiples manifestaciones, reuniones y encuentros con sectores populares y empresariales menores; es decir, es una solicitud de igualdad teniendo gran parte del camino ya recorrido. 

Ser el mal llamado “canciller” no es una nimiedad, pues te da el lujo de tener un equipo pagado por el erario, los contactos de toda una administración, la reputación, la exposición a medios y e inclusive los pretextos para iniciar una campaña anticipada justificándose en “giras de trabajo”.

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Es cierto que el piso no está parejo, pues todos los precandidatos tienen alguna posición en la administración pública que les dota de exposición mediática, diálogo directo con el presidente, un buen salario, personal y de una bola de previsores que se acerca a lamer, es decir, a “apoyar” con lo que se pueda a su apuesta en esta carrera por la silla presidencial.

En cualquier caso, no hay por qué compadecer a nuestro secretario de relaciones exteriores, al fin de cuentas tiene a su representante o personero en la presidencia del partido oficial (aunque éste esté hecho un caos), y con esa carta y las fraudulentas elecciones y maniobras para designar candidaturas, seguramente tendrá varios puestos públicos con los cuales negociar apoyos, o, en el peor de los casos (para él), tendrá un costal de huesos con los cuales conformarse en lo que pasan otros seis años.

Piso parejo y mal terreno, el que tienen los puros menores, quienes tienen que ampararse a un tribunal electoral al que tanto han insultado y al cual tienen amenazado con desaparecer frente a una reforma electoral en discusión.

Pobre de Monreal, quien pareciera tener la peste y con quien muchos hablan, pero pocos reconocen ser sus cercanos, incluso tiene que aceptar tomarse fotos con Silvano, aunque sea para tener algo que subir a redes; está tan mal, que ni siquiera le entra a la contienda, pues asegura que posiblemente “no sacaría ni un voto”.

Pobres de los que juegan en un piso como el de Fernández Noroña, quien, si bien tiene asegurado el apoyo del PT, es como tener el apoyo de un ancianito para el juego de baloncesto. Eso sí es estar en desventaja. 

En última instancia, el ciudadano secretario de relaciones no puede quejarse por su posición o por sus recursos. Podría lamentarse por ser tan cuadrado y técnico en sus reuniones con la gente, o por su formación a lo camachista, pero esos son problemas que su equipo de asesores tendrá que solventar. Sería el colmo que, con tan buen piso, no pueda costearse una buena precampaña. 


Alexis Javier Esperanza Reyes

Estudiante de Ciencia Política y Administración Pública en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Twitter: @JavierEsperanzz


Los comentarios realizados por las plumas invitadas en dlpoder.com reflejan perspectivas y análisis personales. DLpoder es un medio de comunicación democrático en donde todas las perspectivas aportan valor y son respetadas sin discrepancia.

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