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México y Chile: La democracia aparente

Jorge Grana 🖋️

Salvador Allende visitó nuestro país en 1972. Durante su visita a la Universidad de Guadalajara emitió un discurso resaltando acontecimientos que vincularon a ambas naciones. Allende comparó a la expropiación petrolera (1938) con la recién nacionalización del cobre.

Jorge Grana | Pluma invitada

El triunfo de la Unidad Popular (UP), así como sus medidas económicas y políticas, desencadenaron rechazo por parte de los sectores conservadores de la población chilena. La ultra derecha efectuó atentados en contra del “enemigo marxista”. Organizaciones como Patria y Libertad –las “arañas”- sembraron terror en una sociedad polarizada. 

El proyecto de la vía chilena al socialismo concluyó el 11 de septiembre de 1973. La Moneda fue bombardeada por las fuerzas militares hasta derrotar al presidente Allende. “Pagaré con mi vida la lealtad al pueblo”, enunció el presidente chileno por medio de la transmisión de Radio Magallanes.  

La muerte de Allende y el fin del gobierno de la Unidad Popular concluyeron con el golpe de Estado orquestado por las fuerzas armadas comandadas por Augusto Pinochet. En medio del caos, México fungió como un refugio para los miembros y simpatizantes del gobierno popular.

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Las contradicciones del régimen mexicano fueron visibles. Mientras el gobierno de Echeverría asilaba socialistas, la izquierda mexicana era perseguida por medio de corporaciones como la Dirección Federal de Seguridad. La década de los setenta fue el periodo de la “guerra sucia” y las desapariciones, pero también de la reforma política de 1977, un mecanismo de control de las fuerzas disidentes que se organizaban en guerrillas. Para Pablo González Casanova, la reforma fungió como una “válvula de escape” por medio de partidos políticos. 

Durante los años noventa en América Latina se habló de la transición a la democracia. Las naciones dominadas por dictaduras militares se transformaron a modelos democráticos liberales. Chile lo hizo en 1988 por medio de un plebiscito, “voy a decir que no” coreaba la pegajosa melodía del “NO” que consiguió terminar con el gobierno de Pinochet. 

En México, la hegemonía del régimen emanado de la Revolución continuaba intacta pero con algunas complejidades que mostraban su desgaste. Las elecciones de 1988 significaron un momento de crisis para el PRI, de no haber recurrido a un fraude  electoral, el viejo partido tricolor hubiera perdido la presidencia de la República. 

México y Chile poseen historias y procesos distintos. Durante el siglo XIX, ambos países buscaron construir naciones fuertes después de conseguir sus independencias. Un texto constitucional parecía ir encaminado hacia la ruta de la estabilidad. México lo hizo en 1824 y Chile en 1833; sin embargo, aun eran tiempos de convulsiones. 

El siglo XIX para ambos países se traduce en conflictos entre liberales y conservadores. México tuvo una Constitución (1857) reducida a letras, Chile (1891) consiguió un texto que por conveniencia de los conservadores, otorgaba el voto a campesinos fáciles de controlar.

A finales de siglo XIX e inicios del XX, poco podemos hablar de democracia en México, la dictadura de Porfirio Díaz, mismo que llegó al poder con el lema “sufragio efectivo”, replicó condiciones antidemocráticas. El porfiriato provocó una revolución, y de la revolución emanó un régimen que se eternizó en el poder con las siglas de un partido y bajo la poderosa figura presidencial. 

En Chile había procesos democráticos. Un régimen presidencial era una forma de gobierno que permitía la competencia. El triunfó de Salvador Allende en las elecciones de 1970 y el gobierno de la Unidad Popular fue consecuencia de un régimen político competitivo. 

Hablar sobre la democracia en México y en Chile implica aterrizar en el presente. En ambos países hay proyectos identificados con la izquierda, mismas que llegaron al poder por la vía democrática. El país del sur tiene el borrador de una nueva Constitución que pretende revertir el texto de Pinochet. En nuestro país se impulsan reformas que buscan destruir las medidas neoliberales impulsadas por gobiernos pasados. 

En ambos países hay democracias plenas, pero estas siguen sin representar los intereses de las clases subalternas. Democracia es ir más allá de la concepción liberal de la delegación de funciones, democracia implica abrir espacios para que las clases populares representen sus intereses. 

El México de Miguel de la Madrid y el Chile de Pinochet abrazaron un proyecto económico que las nuevas administraciones buscan destruir. Un modelo de desigualdades debe ser destruido no con la retorica del discurso sino con acciones concretas y en ambos países eso está lejos de suceder. La destrucción del neoliberalismo no se hace desalojando a los trabajadores con los carabineros ni  llamando “conservadores” a la oposición de izquierda. En México y en Chile se viven democracias aparentes, de aparente representación de los intereses colectivos.


Jorge Grana

@jorge_grn

Ciencia Política en la FCPYS de la UNAM 

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