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Laura Aguila Franco

Metacognición: ¿una herramienta para el aprendizaje? | Laura Aguila Franco

La idea más clara y difundida de metacognición, es definirla como “el pensamiento acerca del pensamiento”, para entenderlo con mayor claridad, es la capacidad de regular y monitorear los conocimientos propios; el conocimiento y control que se tiene acerca del propio proceso de aprendizaje, como en algún momento la definieron Scott G. Paris y David R. Cross, ambos investigadores del desarrollo e instrucción de la metacognición y comprensión lectora de los niños, en la Universidad de Michigan, hace ya algunas décadas.

John H. Flavell, psicólogo cognitivo, fue el primero en utilizar en el año 1976, el término metacognición para referirse a la capacidad de los sujetos de ejercer cierto control consciente sobre los propios estados y procesos mentales, por lo tanto, la metacognición implica tener conocimiento y conciencia sobre cómo pensamos, qué sabemos y cómo nos acercamos a las tareas cognitivas. Flavell refirió dos componentes fundamentales de la metacognición: el conocimiento metacognitivo y las estrategias metacognitivas. El conocimiento metacognitivo se refiere al conocimiento que tenemos sobre nuestros propios procesos de aprendizaje, mientras que las estrategias metacognitivas son las habilidades y tácticas que utilizamos para monitorear y regular nuestro propio pensamiento.

De este modo, el conocimiento metacognitivo se divide a su vez, en tres categorías primordiales:

A.- Conocimiento declarativo: Es el conocimiento sobre sí mismo como aprendiz y sobre cómo funciona la mente. Incluye el conocimiento acerca de las fortalezas y debilidades, así como las preferencias de aprendizaje y la comprensión de las estrategias de aprendizaje que se pueden utilizar para desarrollar diferentes tareas.

B.- Conocimiento procedimental: Se refiere a la comprensión de las habilidades y técnicas específicas que pueden ser utilizadas para llevar a cabo tareas cognitivas. Esto implica el conocimiento de cómo planificar, monitorear y evaluar el propio rendimiento en una tarea determinada.

C.- Conocimiento condicional: Conocimiento acerca de cuándo y por qué aplicar ciertas estrategias metacognitivas. 

Por su parte, las estrategias metacognitivas básicamente son los procesos que se emplean para controlar y regular el pensamiento propio, y que engloban desde el monitoreo de la propia comprensión, la planificación y organización de tareas, evaluación del desempeño propio, hasta la autorreflexión sobre el proceso de aprendizaje y su correspondiente autorregulación.

Un cuestionamiento que surge con frecuencia es conocer a qué edad se inicia este proceso de metacognición, a lo que diferentes autores desarrollistas responden que, desde los tres años de edad, los niños ya muestran habilidades básicas correspondientes a la metacognición, y alrededor de los cuatro años, los pequeños ya dan muestra de poder “crear sus propias teorías acerca de su propio proceso de pensamiento”, de manera incipiente. En esta evolución, entre los diez y catorce años ya tienen la capacidad de poder planificar e identificar estrategias que les faciliten recordar conceptos, fechas, e información relevante, acciones que dan muestra de su habilidad para reconocer y regular sus pensamientos.

En esta sucesión de desarrollo, se reconocen y ubican tres actividades inherentes al proceso de metacognición: conocimiento (reconocer la información y responder a ella); monitoreo (plantear objetivos, parafrasear, cuestionarse, engranar el conocimiento nuevo con el ya existente, etc); y regulación (el uso de estrategias para construir un nuevo aprendizaje).

Pero, ¿por qué considerar a la metacognición como una herramienta de aprendizaje?

Una de las principales razones, es que la habilidad de conocer y controlar las estrategias del pensamiento, son fundamentales para mejorar el aprendizaje, Vygotsky citaba que el aprendizaje colaborativo es una buena estrategia metacognitiva, pues las interacciones sociales promueven el desarrollo cognitivo, por lo que en la actualidad la metacognición es valorada como una valiosa estrategia en el proceso de aprendizaje de las y los alumnos, al permitirles enriquecer el aprendizaje de manera autorregulada, al conocer cómo es su pensamiento e identificando las estrategias más óptimas para lograr sus objetivos de aprendizaje. La creatividad, el análisis analítico y la comunicación efectiva son algunas de las habilidades que se desarrollan al estar familiarizados con su proceso de pensamiento. 

El primer e importante punto de partida, consiste en que los docentes desarrollen y conozcan como identificar y desarrollar la metacognición en ellos mismos, lo que redundará en el diseño y aplicación de estrategias pedagógicas que les permitan compartir sus propios conocimientos al alumnado, a través de: informar a las y los estudiantes, qué se espera que ellos alcancen al finalizar el tema, unidad, periodo,etc.; cuestionar, lanzando preguntas detonadoras, que inviten a las y los alumnos a expresarse y también a conocer las diferentes formas de pensar de sus compañeros, y quizás hasta adoptar algún estilo que les sea motivador.

Trabajar un diario escolar, para propiciar la práctica de la metacognición, redactando al final de la clase lo que aprendieron y cómo lo aprendieron. Propiciar la retroalimentación entre compañeros, una suerte de coevaluación, para conocer acerca de cómo piensan los demás y enriquecer los procesos de pensamiento propios.

Otra estrategia es la autocorrección, práctica que se torna interesante pues lleva implícita una reflexión de su propio trabajo, valorando la importancia de corregir sus errores ellos mismos.

De este modo, al desarrollar en las y los estudiantes las habilidades metacognitivas serán más propensos a tener un aprendizaje activo, al poder identificar cuando algo no les convence del todo, y buscan mayor información para resolver sus dudas, contrario a continuar siendo “estudiantes pasivos”, lo que a su vez posibilita también el desarrollo de habilidades blandas o soft skills, necesarias para trabajar exitosamente en equipo, tales como la colaboración y la resolución de conflictos ya que la metacognición incentiva el entendimiento de la persona misma a través de la reflexión, conociendo las propias fortalezas y áreas de oportunidad, además de evaluar las acciones personales para corregirlas y por lo tanto buscar una mejora individual. 

En este vertiginoso ritmo en que se vive, se hace cada vez más necesario que las y los estudiantes incremente sus potencialidades a través de programas educativos que les enseñen a pensar, a razonar y aprender, de tal forma que puedan construir esos aprendizajes dentro y fuera de las aulas para resolver situaciones de la vida cotidiana, es decir, que sean capaces de comprender la forma de apropiarse del conocimiento para después transferirlo a los diferentes ámbitos de su vida.

Laura Aguila Franco

Maestra Laura Aguila Franco

Twitter: @laura_aguila

Las perspectivas de cada columna son opiniones del autor y son independientes de la posición de dlpoder.

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