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La marcha de la venganza

Eder Jorge Guillén Muñoz 🖋️

En el marco del cuarto año de su mandato como Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador prepara una gran movilización, de proporciones épicas, para demostrar su resiliente capacidad de arraigo entre la población y el éxito de sus 100 promesas políticas, de cara al apoteósico enfrentamiento por la nación que se vivirá entre 2023 y 2024.

Por primera vez en años, López Obrador encabezará una marcha, que partirá desde el Ángel de la Independencia y tendrá como derrotero el Zócalo, donde rendirá su último informe en lo que resta de 2022.

El camino ya lo venía trazando desde la sorpresiva, pero no apabullante, convocatoria exitosa por la manifestación para tratar de ‘defender’ al Instituto Nacional Electoral. Como recapitulamos en la editorial anterior, más de 150 mil personas se alzaron contra AMLO, de los cuales, 110 mil fueron acarreados y el resto orgánicos.

Los cálculos de Martí Batres fueron errados, y los de Andrés Manuel en la mañanera del día después también distaron mucho de la realidad. Lo más destacable aquí es que, a pesar de las figuras ruines que lideraron la movilización, hay gente que está dispuesta a pelearle en cada terreno e incomodarle ante sus destellos de cultura autoritaria. Aunque la situación tenga como reina a la apatía, la propaganda opositora causa fuertes estragos en la población consumidora de la misma. Peor aún, la Ciudad de México no la han recuperado, por lo menos, en la percepción.

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Ante este diagnóstico derrotista que resalta la contradicción expresada cada mañana, el viejo lobo de mar decide lanzar toda su apuesta para arrinconar a la oposición, no solo por la cantidad de recursos provenientes del aparato gubernamental con el que cuenta la 4T, sino que también, la capacidad de atracción del público orgánico a favor del sexenio obradorista.

El pronóstico espera un millón en todo el país, teniendo como piso mínimo aceptable a 100 mil en la CDMX. Con lo previsto y analizado, el autor de esta columna puede garantizar tales cifras, incluso esperando que se pueda elevar a niveles incluso insospechados, con base en los datos arrojados durante la revocación de mandato, escenario más reciente donde la maquinaria del poder aceitó su estructura electoral. 

Cuando López Obrador era opositor, llegó a movilizar cerca de 1.2 millones en un solo día en todo México, durante el proceso del desafuero. Ahora que es gobierno, la expectativa no debe rebajarse mucho, es más, debería de ser más promisoria de lo que se avizora. Amén de que la gran mayoría de Administración Pública Federal podría ser emplazada a expresarse para obtener beneficios o no resultar perjudicada, se debería de esperar que el apoyo de la gente no inmiscuida en el acarreo supere con facilidad la friolera de 100 mil apoyos. Aunado a esto, se debe contar con que un mínimo de más de 20 gobernadores hará lo mismo, además de caciques y legisladores que tengan un gran poder de convocatoria y de influencia en el electorado. 

También, los aspirantes a sucederlo tendrían que esmerarse en despilfarrar recursos a favor de otra demostración de músculo político. De seguro, Ebrard hará sangrar la Cancillería y al personal de embajadas que tenga a la mano para llevar su tributo. Por otro lado, Adán Augusto, el hombre que salvó el revocatorio del triunfo pírrico, pondrá toda la carne en el asador para alzar la mano y gritarle al mundo que está muy potente. La más exigida será Sheinbaum, molestada por un Monreal que vive en la incógnita y con la sombra de que ni a los suyos los puede tener tan amarrados. 

El 27 será clave para el resto del sexenio, y quizá para 2024. Todo depende de cuántos asistan.

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Corolario. Será interesante ver quién figura al lado del presidente en el frente de la marcha del día 27. Evidentemente, tienen que estar las corcholatas cercanas a su regazo. La carrera estará cantada si alguno de los tres no sale en la foto, como en el PRI.

Duda razonable. Después de lo visto el domingo en la Zona Rosa, ¿Quién es mejor líder opositor, Claudio X. González o Ricardo Monreal?

Chismecito. Al cierre de edición de esta columna, todavía se estaban recabando firmas en la Cámara de Diputados para solicitar a Layda Sansores que no use la información capturada y procesada por los aparatos de inteligencia de la Nación para sus fines contra Ricardo Monreal. Se contabilizaba un nutrido, pero no mayoritario, respaldo al Presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado. Se viene una probable rebelión contra la mediana influencia de Claudia Sheinbaum y el poder que ha forjado cerrando el tridente con Mario Delgado e Ignacio Mier.

Seré breve. El tema de la reducción del periodo de gobierno del Presidente de la República y su posterior reelección ya se debe de dejar de tocar. Que no se rebase ese límite, por lo menos no por ahora. 

Dejo esto y me retiro lentamente. Antes, al presidente López Obrador le llamaba la atención el pleito entre Layda Sansores y Ricardo Monreal. Ahora, frente a la continuidad de las embestidas y con un Monreal que es vitoreado por la oposición en el restaurante ‘Cuchilleros’, él solo remata con la escueta frase “Ni me meto ni me preocupa”. Otra vez le voltearon la bandera a don Ricardo. Como dicen algunos comentócratas pro-Sheinbaum, ya es tiempo de irse.

Dejo esto y me retiro lentamente. Ya va a empezar el Mundial. Más de un político respira.

Eder Jorge Guillén Muñoz 🖋️

@EUt911

Ciencia Política UNAM


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