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La huella ecológica digital: ¿Cuánto le cuesta al planeta el uso de plataformas digitales?

Enfoque educativo con Laura Aguila Franco 🖋️

El concepto “huella ecológica digital”  fue propuesto por William Rees y Malthis Wackernagel en 1996, refiriéndose al total de gases de efecto invernadero emitidos por el uso de internet de una persona (envío de emails, utilización de servidores para guardar archivos o búsquedas) y se expresa en gramos, kg o toneladas de CO2. 

En términos generales, las personas desconocen que enviar un correo electrónico, consultar información en alguna página de internet, y hasta “subir” una historia en Instagram deja una huella ecológica, generando un fuerte impacto en nuestro entorno. Desde el año 2017, Greenpeace emitió un informe titulado Clincking Clean, en donde señala que alrededor del 7% de la energía que se consume en el planeta procede de la exigencia energética ligada a lo que se ha dado en denominar “capitalismo digital”, cifra que se proyecta se convierta en el 14% para el año 2040, ya que el uso de internet no se detiene, considerando que a raíz de la pandemia se estima se ha triplicado.

Probablemente se piense que el “mundo digital” como medio de producción y consumo, es impoluto o poco contaminante si se le compara con fábricas, autos y/o autobuses como medios de transporte de personas y mercancías, y nada está más alejado de la realidad, ya que las tecnologías de la información representan un cuantioso impacto ecológico que es difícil observar a simple vista. El economista, investigador y activista ecosocial español José Bellver, subraya que “esos impactos se acumulan desde la primera fase del ciclo de vida de los productos, el de la extracción de materias primas, hasta la última fase, la de los desechos”.

De este modo, el impacto más considerable se condensa en las dos primeras etapas: la procedencia y producción de los aparatos tecnológicos por medio de los cuales nos conectamos a la Red (computadoras, tabletas, Smartphone, etc), de acuerdo con Bellver “Es en la fabricación donde se concentra cerca del 80% del consumo de energía de todo el ciclo de vida del producto. Con los coches, sucede al contrario: el consumo energético se concentra en el uso, a medida que recorremos kilómetros. De ahí la importancia que adquiere, para determinar la huella ecológica, el hecho de que cambiemos de teléfono móvil cada dos o tres años, incluso menos”

Con base en datos arrojados por las investigaciones de José Bellver en la fundación FUHEM, fabricar un computador requiere en promedio 240 kg  de combustibles fósiles, 22 kg de productos químicos y 1,500 litros de agua; fabricar un microchip de memoria RAM implica el uso de 1,2 kilos de combustibles fósiles, 72 gramos de productos químicos y 20 litros de agua, y a ello hay que agregar el impacto que representa la extracción de minerales, los cuales no son infinitos, y que de continuar el ritmo de consumo, en un futuro cercano se podría enfrentar escasez y por consiguiente, encarecimiento de los mismos, además de probables conflictos políticos. Aspecto importante lo constituye la huella de carbono que va de la mano con la fase de circulación de los materiales, estos son extraídos en África o América Latina, y tienen que viajar miles de kilómetros para llegar y ser ensamblados en algún país asiático, para después volver a recorrer otros miles de kilómetros y llegar a los puntos de consumo, básicamente concentrados en Estados Unidos y Europa. 

Si bien la fabricación de estos dispositivos electrónicos es la parte de la cadena que refleja el mayor impacto, la fase de consumo también ocasiona un desmesurado uso de energía. De acuerdo con datos proporcionados por la iniciativa CO2GLE, impulsada por la artista e investigadora digital Joana Moll, Google puede llegar a emitir alrededor de 500 kilos de emisiones de gases efecto invernadero (GEI) por segundo, de este modo, un correo electrónico “corto” y sin archivos adjuntos, representa la emisión de un gramo de CO2, aquí lo que hay que apuntalar es el hecho de la cantidad de correos electrónicos que se envían alrededor del mundo, por lo que se estima que la huella de carbono equivaldría a lanzar unos 890 millones más de automóviles a las calles.

Sin embargo, en la misma situación se encuentran Spotify, Twitter, Facebook, considerados como los mayores emisores de GEI, de acuerdo a datos presentados por el portal de estadística en línea alemán denominado Statista, y desde luego que a quien se le considera como el más grande causante de las emisiones de CO2 en la Red es el streaming (tecnología que permite transmitir archivos de audio y video de manera continua por medio de una conexión a internet, sea alámbrica o inalámbrica), ya que se estima que en 2020 llegó a generar el 80% del tráfico global.

El mismo estudio de Clicking Clean muestra que el 21% de la energía que necesitan las TIC corresponde a los servidores de datos, es decir, al conectarnos a Internet implica que nos estamos conectando a estos servidores: la nube no tiene nada de inmaterial, ya que supone la existencia de cables, antenas, routers y centros de datos –también llamados granjas– repletos de computadoras. Para poder cubrir las necesidades a nivel mundial, se calcula existen alrededor de cien millones de servidores repartidos en centros de datos; por lo que el 42% del total se encuentra en los Estados Unidos, mientras que en España se concentra el 3.5% del total, y las mayores granjas están en Tokio, Chicago, Dublín, Gales y Miami.

Llegando al otro extremo del ciclo de vida de los productos electrónicos, encontramos los desechos que generan estos aparatos y debido a la rapidez con la que quedan obsoletos el aumento de esta “basura tecnológica” es desmesurado. El exceso de consumo de productos electrónicos se calcula generan alrededor de 50 millones de toneladas cada año que habitualmente una buena cantidad de ellos son exportados como “productos de segunda mano” a países en donde no existen las tecnologías para realizar el procesamiento adecuado y seguro de productos que contienen una gran cantidad tóxicos, mismos que son liberados con la quema y el reciclaje rudimentario de los desechos electrónicos.

Por otro lado, los datos que arrojan diversas investigaciones, respaldan el hecho de que cada vez incorporamos más la tecnología a la mayoría de las actividades cotidianas, ya sea para estudio, trabajo u ocio, y realmente no se tiene la conciencia plena de que contaminamos tanto como conducir un vehículo de combustión interna, o cuando generamos grandes cantidades de basura.

La profesora de Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación  en la Universidad Abierta de Cataluña (UOC), Elena Neira, establece que Es necesario que la toma de conciencia que poco a poco hemos ido incorporando al lado más físico de nuestra huella ambiental se traslade también a un consumo responsable de plataformas”. La generación, construcción y mantenimiento de grandes centros de datos (big data) donde se procesan gran cantidad de transacciones digitales son las razones de este gasto de energía muy elevado. 

Y aunque como se está observando las tecnologías emergentes tienen un gran impacto en la naturaleza, paradójicamente, también poseen un importante rol en la lucha contra el cambio climático, cabe destacar que cada vez se suman más empresas tecnológicas que se están inclinando por desarrollar modelos más sostenibles, lo cual no solamente aportará sus beneficios para mejorar el planeta, sino que significa también mayor productividad y menores costos. Esta innovación para revertir el cambio climático se advierte ya en la aplicación de técnicas más eficientes para los centros de datos, la Organización de la Naciones Unidas (ONU), en el informe publicado el 22 de abril de 2020 cuando se celebraron los 50 años del Día la Tierra y el cuarto aniversario de la firma del Acuerdo de París sobre el cambio climático, se deja en claro que existen ocho campos de innovación que serán claves a la hora de monitorear el clima, gestionar los recursos hídricos o reducir el riesgo de desastres naturales. 

Este documento,  señala que la inteligencia artificial, el IoT, el 5G, las energías limpias, los gemelos digitales (réplicas virtuales de un producto, al que se le incorporan datos en tiempo real), la robótica las tecnologías space 2.0 y el Big Data deben ser potenciados con el objetivo de cumplir con los estándares propuestos por acuerdos como el de París o el ODS 13  de la Agenda 2030 sobre Acción Climática.

Mientras tanto, es fundamental aprender a ejecutar acciones para disminuir la huella ecológica digital, moderar el uso de dispositivos electrónicos, apagarlos en los momentos que no sean utilizados, durante las video llamadas o sesiones en ZOOM, Meet, etc, mantener las cámaras apagadas, reducir el tamaño y número de documentos que se envían por correo electrónico para disminuir el peso del mensaje, borrar correos que ya no sean útiles, desconectar los cargadores que no se estén utilizando, reducir el uso de redes sociales, hacer uso de  la función de “optimizar” el uso de energía en los Smartphone, cerrar aplicaciones que no se estén usando.

Crear conciencia y trabajar adoptando responsablemente las medidas necesarias para reducir la huella de carbono digital, a través de mejorar la educación, la sensibilización y capacidad humana para reducir y revertir los efectos en el cambio climático.

En México, el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC), un órgano público descentralizado que forma parte de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), realiza el Inventario Nacional de Emisiones de Gases y Compuestos de Efecto Invernadero (INEGyCEI), y tiene como responsabilidad diseñar, dirigir y evaluar políticas públicas que conlleven a la protección del ambiente y la mitigación del cambio climático

Fundamental es saber que esta disposición se encuentra reglamentada en el artículo 74 de la Ley General de Cambio Climático (LGCC), decretada en 2012, la cual también estipula, en su capítulo VIII, que tanto personas físicas y morales deben reportar información, datos y documentos sobre sus emisiones de GEI, y en su caso, acciones de mitigación y reducción (artículos 87 a 90).

Recordar que aunque parezcan similares la huella de carbono cuantifica las emisiones de GEI con un enfoque en el cambio climático, mientras que la huella ambiental refiere una visión global del impacto que tiene un producto u organización en el entorno.

Por todo lo anterior es apremiante que se emprendan acciones más allá de lo personal, para alcanzar impactos nacionales, regionales y globales, con el objetivo de reducir de manera importante la huella de carbono en el mundo.

 

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Un comentario

  1. Importante reflexión sobre la responsabilidad que como individuos y como sociedad tenemos para lograr un futuro digno y sustentable. No podemos cerrar los ojos y simplemente ignorar los estragos que nuestras acciones implican. Informarse es el primer paso.

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