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Invisibilizar a lxs otrxs

Columna de Alexis Javier Esperanza 🖋️

31 de marzo, día de la visibilidad trans, una fecha importante para ver, oír, escuchar y dialogar con lxs otrxs, ¿incluso con quienes propagan discursos que niegan nuestra existencia, categoría, nombres o condición? Esa es la cuestión…

Atreverme a abordar este tema no es fácil, porque aunque generalmente me lo digo, en esta área, con mayor fundamento, me reconozco ignorante; por más que investigo me lleno de dudas, y es por ello que me quedo abierto a escuchar, a pensar fuera de los límites de mi ignorante posición y quizás, algunas veces, como ahora, a aplicar aquel mensaje budista de ‘aun cuando tan solo hayas entendido una parte del mensaje, y con ella te quedes, si la compartes habrás hecho más que si te tomases los siglos para dominar todo el conocimiento que implica el mensaje’.

Hace unas semanas escribí un borrador de una columna que tocaba el tema de un método sencillo que podrían aplicar los hombres para entender su acontecer respecto a los feminismos y las nuevas masculinidades, pero sometiéndolo a la revisión de compañeras colegas llegué a la conclusión de que no había autoridad alguna en mi persona para brindar un consejo que nadie me había pedido.

Quizás el mundo sería mejor si todxs hiciéramos eso, callar para escuchar, leer para entender, y salir de nuestros conceptos, teorías, ideologías, doctrinas, mentes y cuerpos para mirar con ojos ajenos y reconocer a tantas otredades como nos fuera posible. 

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Doctrinas Enfrentadas

Actualmente, un choque judicial y una pelea política constante se da entre el pluralismo y el secularismo: el pluralismo, que aboga por la diversidad de pensamientos en convivencia, donde ninguno se superponga ni sea discriminado, donde no se le obligue a nadie a creer o a no creer algo, sino que todo dependa de su libre determinación; frente a un secularismo que aboga por la neutralidad del espacio público, que cada quien profese la fe que quiera, pero que la meta a su casa o a su iglesia, templo o lugar de culto y que no perturbe el orden social al tratar de superar con sus dogmas morales la ética del Estado y los derechos humanos de que cada persona goza. 

Por un lado, tenemos una invitación a que coexistan las diversas opiniones, con el riesgo de que el conservadurismo, tradicionalismo, fanatismo y fascismos se propaguen y contaminen la esfera pública que garantiza derechos y obligaciones para todxs. Por el otro, impera una ética suprema, guiada por la libertad, igualdad y fraternidad, que permite el libre desarrollo dentro de espacios determinados, para que nadie propague odio, violencia o discursos retrógradas que desgasten los vínculos sociales.

El mismo fenómeno se da en términos de ideologías no religiosas, filósofos modernos y contemporáneos se plantean preguntas como: – ¿Debemos tolerar la intolerancia? – ¿Dónde termina la libertad de unos y comienza la libertad de otros? – ¿Se vale golpear a un nazi? – 

Cuestiones así no son fáciles de responder, depende del contexto: el nivel de violencia que rodeen los discursos que minimizan, ridiculizan, rechazan, cancelan o invisibilizan a tal o cual persona o grupo: un ejemplo sería el denunciar herejía en un país occidental donde la condena la harán solo quienes compartan los códigos morales de dicha fe, o denunciar presunta herejía en Medio Oriente (véase el caso de una mujer asesinada por tres maestras porque una niña denunció que en su sueño la mujer blasfemaba contra el profeta Mahoma)

También depende de la Constitución de la sociedad en que vivan: no es igual molestarse por el derecho a ridiculizar, burlarse o criticar exacerbadamente a una ideología o religión en una República que en una Monarquía, ya que por definición e historia las repúblicas son laicas y algunas hasta anticlericales (recuérdese el Terror de la revolución francesa) mientras que algunas monarquías se soportan en el derecho divino y, por tanto, es un dogma incuestionable para salvaguardar la integridad del sistema.

Aun así, repúblicas como Francia se obligan a una valoración extra en casos especiales; aunque suele permitirse la burla, mofa y sátira de cualquier religión con base en la libertad de expresión, el caso del judaísmo tiene un lugar diferente, por una culpa que sobrevive al horror del holocausto, a la cooperación o sumisión de parte del pueblo francés para con el régimen nazi y para que dichos eventos no vuelvan a ocurrir, el antisemitismo tiene cabida en el marco jurídico. Al fin de cuentas, ¿qué distingue a una república sino el que da “trato igual a iguales y desigual a los desiguales”? 

Trato Desigual a lxs Desiguales

De la misma forma en que no puedes poner a competir en igualdad de circunstancias al hijo de un campesino que a un “Jr.” Para conseguir empleo en un despacho prestigioso, así ambos tengan un título en derecho, tampoco es posible equivaler las agresiones a la comunidad afroamericana que a la indígena, que a la de inmigrantes asiáticos o que a la comunidad trans. 

Tratar desigual a los desiguales es ser empáticx con las circunstancias que construyen las condiciones materiales y subjetivas de las otredades, valorar aquello que las pone en desventaja para así juzgar cuando la crítica no viene con demasiadas asimetrías y las vuelve blanco de odio, prejuicio y discriminación. Que me digan a mí como ateo, que me voy a ir al infierno es nada debido el nivel de significado que tiene el discurso, así lo interpretó la Comisión Europea de Derechos Humanos frente a una demanda en España, por parte de un colectivo LGBT a un obispo que dijo que ateos y miembros de la diversidad sexogenérica (no heterosexuales) “prostituían sus cuerpos y almas e irían al infierno”, ante lo cual la resolución interpretó que no había ninguna incitación al odio o la violencia.

Y no era de importancia porque la idea de una sentencia imaginaria como el “infierno” no tenía implicaciones en la realidad. E ahí la enorme distancia entre asimilar la diversidad sexual con la prostitución en un país como el nuestro, donde a activistas y personas no heterosexuales las asesinan basándose en discursos que les incitan a odiar. 

Por eso hay que observar, y repensar si nuestros discursos pudieran convertirse en pólvora que dispara por no aceptar modificaciones al sacro lenguaje, en dagas que apuñalen por la pérdida de privilegios, en manos que estrangulen por ignorancia, o en labios que escupan a seres que se muestran amor, cariño y fraternidad. Todo porque nos hemos negado a dejarles ser, porque no toleramos el que sean visibles.


Alexis Javier Esperanza Reyes

Estudiante de Ciencia Política y Administración Pública en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Twitter: @JavierEsperanzz


Los comentarios realizados por las plumas invitadas en dlpoder.com reflejan perspectivas y análisis personales. DLpoder es un medio de comunicación democrático en donde todas las perspectivas aportan valor y son respetadas sin discrepancia.

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