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Hidalgo: ¿El Waterloo de ‘Alito’ Moreno?

Columna de Eder Guillén 🖋️

La elección más importante de las 6 estatales que se presenciarán en 2022 es la que se llevará a cabo en Hidalgo, uno de los últimos tres bastiones que tiene el Partido Revolucionario Institucional. Desde que conocemos a este instituto político como ‘la familia revolucionaria’, precisamente desde 1929, la entidad nunca ha presenciado alternancia por cualquiera de las vías que se exploren. Hoy más que nunca, tras 93 años de dominación clara, omnipotente e indiscutible, el tricolor, aliado con sus nuevos amigos (el PAN y PRD), se encuentra más cerca de vivir otra derrota histórica, con altas cargas e impactos para el presente y futuro del alicaído partido. 

Cuando perdió gran parte de sus territorios, sobre todo durante la alternancia política panista vivida entre el 2000 y 2012, la percepción apocalíptica se distendía por la existencia de una camarilla de liderazgos fuertes, o en su caso, el jalón de orejas inmediato desde Insurgentes. Cuando vinieron las derrotas de 2016, todavía con Peña Nieto, a pesar de que esa noche se avecinaba lo que un sexenio después es realidad, el otrora Presidente de la República dio un golpe en el tablero relegando a Manlio Fabio Beltrones, tras su pírrica derrota frente a un Ricardo Anaya envalentonado y ante el acecho de un López Obrador cada vez más aceptado entre los no confesos. No cabía espacio para la duda, a pesar de la humillación, el Revolucionario Institucional contaba con un líder, en decadencia, pero líder y armador de estructuras todavía aceitadas. 

Ahora, con el tsunami de 2018, donde gran culpa de él recae en el PRI por diferentes motivos, la familia revolucionaria vivió un importante recambio generacional, sufriendo su última modificación de la mano de Alejandro Moreno Cárdenas y algunos gobernadores que lo apoyaban, con bendición de Palacio Nacional incluida. Los ‘alito-boys’ derrotaron a un beligerante ex rector de la UNAM José Narro, figura salinista de gran renombre y credibilidad como ‘hombre de instituciones’. Con él, moría el orden de los hombres de legado, entraba en terapia intensiva la tecnocracia descarada, y nacía una nueva estructura, donde se tendría que aprender a convivir con alguien como AMLO sin perder los estilos y formas que tanto caracterizaron al PRI, en aras de recuperar poder territorial y no hacer que el pueblo mexicano desconfiara aún más del partido político antes hegemónico. 

El círculo se cierra

Entre esos gobernadores que ascendieron con Alejandro Moreno, se encontraba Omar Fayad, conocido ex colaborador de Miguel Ángel Osorio Chong y esposo de la primera actriz Victoria Ruffo. El hidalguense sin reparo, dio su espaldarazo por completo a la nueva figura trigarante de la tradición revolucionaria, aquel que era bendecido por los pocos caudillos tricolores que resisten y/o existen, por el actual presidente sin ser éste militante, y por su jefe, el antecesor EPN. La relación era cordial y de respaldo en múltiples ocasiones. Fayad Meneses es un hombre extremadamente complejo, sin embargo, sus apoyos no son igual. Él persigue, con ambición y cinismo, la lógica de todos los políticos: ayúdame, que yo te ayudaré. 

No obstante, aunque Alejandro tenía una gran camadería con Omar, ‘Alito’ no podía obviar la sombra del clan Moreira, los últimos grandes monstruos de la política nacional que ha visto nacer el norte de México. Rubén, el único que puede dar la cara, sabía que era momento de ajustar cuentas con obstáculos e incluso aliados. Solicitó sin mayor desparpajo la candidatura del PRI para la sucesión de Fayad, quien tenía en Israel Soto Félix a su perfil favorito; ese plan se dislocó cuando el segundo Moreira puso en la ecuación a su esposa, Carolina Viggiano Austria, nacida en la entidad, y residente desde 2017 del mismo lugar. Ella entraba en los requisitos mínimos, y si la lógica partidista imperaba en cuanto a jerarquía, Moreira tenía el derecho de exigir Hidalgo para su amada mujer. Ahí fue el momento donde se condenó el Revolucionario Institucional a otra humillación.  

Fayad amenazó con la ruptura. La inconformidad estaba en su punto de quiebre. Moreno se calentó, pero supo frenar a tiempo e intentó negociar. Fayad se hizo a un lado, pero ya tenía a cambio una propuesta de embajada en París, a cambio de “portarse bien” y no practicar la campaña contra MORENA. No se conoce la respuesta, pero Fayad añora irse a París, le impactó la impactante capital europea. Es su sueño. Es lo que le alcanza a una gestión horrorosa, ineficiente y olvidable. Es el canto de las sirenas. 

Como Fayad no se entrometerá en los destinos hidalguenses, los Moreira no tenían esa estructura de 5-6 puntos porcentuales que le podría dar un colchón de confianza para crecer a partir de la misma. Viggiano hizo poca operación, y el resultado es palpable. En algunas encuestas, incluso ‘serias’ como Reforma, el morenista Julio Menchaca le lleva una ventaja de 2 a 1. En el agregado total, Menchaca, apuntalado por todas las figuras de la 4T en venganza por la reforma eléctrica, lleva 13 o 16 puntos de diferencia. Está cantado.

Si Hidalgo es lo más valioso que te juegas este año contradictorio, y tu estructura segunda también está en juego (Viggiano es Secretaria General del PRI), ¿no crees que, si la situación te rebasa, es el fin? Para ‘Alito’ no, porque la ambición y la ceguera pueden más que la cordura y la razón. 


Eder Jorge Guillén Muñoz 🖋️

@EUt911

Ciencia Política UNAM


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