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Estrés y deterioro cognitivo | Enfoque Educativo con Laura Águila Franco

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el estrés como “un estado de preocupación o tensión mental generado por una situación difícil”. Si bien es cierto que todas las personas manejan un grado de estrés, debido a que se trata de una respuesta natural a las amenazas y a otros estímulos de la vida cotidiana, la forma en que se reacciona es lo que determina de qué manera afecta el bienestar de cada uno.

A lo largo del tiempo estudios e investigaciones en al campo de la salud mental han reportado que, efectivamente el estrés afecta tanto a la mente como al cuerpo, el estrés “regulado” o en “dosis bajas”, resulta positivo, ya que  ayuda a realizar las actividades diarias, pero cuando el estrés pasa a ser excesivo tiene consecuencias físicas y psíquicas, razón por la cual los profesionales de la salud recomiendan aprender a manejarlo para sentirse menor abrumado, y cuidar el bienestar físico y mental. Desafortunadamente, esta condición se ha “normalizado” en la vida cotidiana, de tal forma que se ignoran los síntomas de alerta primarios como son:

  1. Dificultad para relajarse y concentrarse.
  2. Sentirse ansiosos o irritables con mayor frecuencia.
  3. Dolores de cabeza.
  4. Dolores en diversas partes del cuerpo sin causa aparente.
  5. Malestares gástricos.
  6. Dificultades para conciliar el sueño.
  7. Alteraciones en el apetito (comer más o menos de lo habitual).
  8. Tensión o dolor muscular.
  9. Dolor en el pecho

Cuando el estrés se transforma en una condición crónica, los problemas de salud pueden agravarse, además también podrían incluirse incrementos en el consumo de tabaco, bebidas alcohólicas, y en casos más delicados, otras sustancias. 

Es importante comprender que el estrés NO es una condición normal por la que los seres humanos deban cursar, atender desde los primeros síntomas es crucial, pues si se cuenta con problemas de salud previos o crónicos, las situaciones estresantes pueden llegar a agudizar ciertas condiciones de salud mental, como en los cuadros de ansiedad y/o depresión, que requieren atención médica.

Aunado a estos efectos adversos, en las más recientes investigaciones médicas se han encontrado datos que revelan que las personas con niveles elevados de estrés tienen más probabilidades de experimentar una disminución de la función cognitiva, que afecta su capacidad para recordar, concentrarse y aprender cosas nuevas, condición que se conoce como “deterioro cognitivo”.

A este respecto, la propia Organización Mundial de la Salud (OMS), señala el deterioro cognitivo como el “trastorno caracterizado por deficiencias de memoria, dificultades para el aprendizaje y capacidad reducida de concentrarse en una tarea por períodos no tan breves”.

El DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales), se refiere al deterioro cognitivo como: “déficit cognitivo mayor a lo esperable para la edad y el nivel educativo de una persona. vida diaria. Trastorno neurocognitivo leve”.

Un estudio publicado por JAMA Network (revista médica mensual publicada por la Asociación Médica Estadounidense), refiere que “el estrés tiene consecuencias fisiológicas y psicológicas a largo plazo y ha demostrado ser un factor de riesgo modificable para la enfermedad de Alzheimer y las demencias relacionadas”.  Los resultados también arrojan información relevante en referencia a que hay evidencia de que las hormonas del estrés pueden influir en la cognición, especialmente cuando alguien vive un evento estresante puede afectar el nivel inmediato de la cognición o la capacidad de realizar tareas cognitivamente desafiantes. 

Según la investigación, aquellas personas con niveles altos tenían un 37 % más de probabilidad de tener una cognición deficiente. Además, el estrés crónico provoca la pérdida de materia gris en la corteza prefrontal, donde están involucradas la inhibición de la respuesta al estrés. Esto deteriora las funciones cognitivas superiores como la memoria. 

Otro dato importante a considerar, es el papel que tiene la ansiedad como factor de afectación en la memoria y el deterioro cognitivo, debido a que la ansiedad es entendida como un estado de vigilancia intensificada que se asocia con un aumento de la sensibilidad sensorial general debido a la incertidumbre o al conflicto, por lo que la ansiedad tenderá a alterar el rendimiento cognitivo y la memoria. Esta relación se convierte en cíclica: el deterioro cognitivo provoca un aumento en la ansiedad lo que provoca aún más deterioro y así sucesivamente, originando que cuanto mayor es la ansiedad, más perturbación provoca. Y aunque pudiera pensarse que estos cuadros de salud mental son “problemas de adultos”, cada vez con más frecuencia se encuentran que niños y adolescentes también pueden enfrentarlos, lo cual puede representar consecuencias negativas para su desarrollo.

¿Qué hacer para enfrentar de forma positiva el estrés y la ansiedad, para evitar llegar al deterioro cognitivo?

Tanto la OMS (Organización Mundial de la Salud), como la OPS (Organización panamericana de la Salud), recomiendan adoptar algunas o en su totalidad, las siguientes medidas:

  • Seguir una rutina diaria. –  Realizar una serie de actividades cada día nos puede ayudar a sentir que controlamos mejor nuestra vida y a ser más eficaces. 
  • Dormir mucho. – Es importante dormir lo suficiente para cuidar el cuerpo y la mente. El sueño repara, relaja y revitaliza nuestro organismo y ayuda a hacer frente a los efectos del estrés.

La higiene del sueño consiste en:

  • Ser constante: acostarse cada noche a la misma hora y levantarse cada mañana también a la misma hora, incluso los fines de semana.
  • Si es posible, el lugar donde se duerme debe ser tranquilo, oscuro y relajante, y se debe mantener a una temperatura agradable.
  • Limitar el uso de aparatos electrónicos como el televisor, las computadoras y los teléfonos inteligentes antes de dormir.
  • Evitar comer en exceso ni tomar bebidas con alcohol o con cafeína antes de la hora de acostarse.
  • Hacer ejercicio físico. La actividad física durante el día puede ayudar a conciliar el sueño con más facilidad por la noche.
  • Mantenerse en contacto con los demás. –  Hablar con familiares y amigos, compartiendo las preocupaciones y sus sentimientos ayuda a relajarse y sentirse con mayor ánimo. personas de confianza. 
  • Llevar una dieta saludable. – Todo lo que se come y bebe afecta a la salud. Es importante alimentarse de forma equilibrada y de comer a intervalos regulares. 
  • Hacer ejercicio con regularidad. – Puede ayudar a reducir el estrés, ya sea a través de rutinas de ejercicios intensos o simplemente de caminar.
  • Evitar estar demasiado tiempo leyendo o viendo noticias. –  Ver o leer noticias durante demasiado tiempo en la televisión o en las redes sociales puede causar estrés. 

Desde luego que cada persona aprenderá a identificar los indicadores de estrés y ansiedad que vaya manifestando, lo fundamental es evitar pensar que son “normales”, acudir a atención médica especializada ayudará a prevenir un deterioro o daño, que can el tiempo pueda llevar a ser irreversible.

Laura Aguila Franco

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