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El liderazgo docente

El pasado 15 de mayo se celebró en México el Día del Maestro, profesión por demás importante en estos tiempos complejos en donde uno de los sectores que más se ha visto afectado es precisamente el educativo.

El trabajo del docente en un centro escolar y específicamente dentro del aula es fundamentalmente un trabajo en equipo y formando redes de apoyo para lograr objetivos y producir sinergias, constituyéndose como líder y modelo de referencia para sus estudiantes. En este contexto, liderar significa influir, favorecer el que las personas (las y los estudiantes) se encaminen hacia la consecución de objetivos comunes, por lo que el docente tiene la gran responsabilidad de ser un líder positivo promoviendo en sus alumnos no solamente el gusto y agrado por aprender, sino también fomentar el hacerlo  través de los valores.

Atrás quedó ese “liderazgo fallido” que se ejerció en las aulas por décadas y que implicaba una actitud de obediencia por parte del alumnado y que traía consigo miedo, tensión, ansiedad, frustración y en ocasiones resentimiento, generando un clima en donde era poco probable alcanzar aprendizajes significativos, debido a que los estudiantes se sentían “obligados” a realizar tareas que no eran relevantes al no sentirse parte de un proceso de aprendizaje.

El otro lado de la moneda, cuando un docente entiende y ejerce positivamente su liderazgo, encauza las emociones del grupo de estudiantes hacia una dirección productiva y moviliza el interés y gusto por aprender, la alegría, buen humor y adaptabilidad del docente, así como la emoción y pasión por desempeñar su labor, redunda en  una actitud de confianza por parte de sus alumnos y alumnas, lo que a su vez genera un clima de aula más alegre, positivo y colaborativo, en el que los alumnos se sientan valorados, en el que se confía en las habilidades individuales y las del equipo. Las emociones de un docente pueden ser poderosos conductores del estado de ánimo de los alumnos, por lo que un docente con un estilo de liderazgo efectivo es consciente de sus propias emociones y de las de sus alumnos, regulando el clima emocional del aula, en cada momento, con el fin de que favorezca el logro de los objetivos.

En la actualidad surgen diversas líneas de trabajo que invariablemente comparan el trabajo del “profesor tradicional” y del “líder en la gestión de procesos educativos”, y precisamente es este último quien ha demostrado la capacidad de llevar a un grupo de trabajo al logro de objetivos y metas, que dejan de manifiesto que el líder tiene una visión mucho más clara de la importancia del trabajo educativo y de desarrollar las habilidades y competencias de sus estudiantes, siendo uno de los puntos que marcan una clara diferencia entre el profesor tradicional y el líder de gestión educativa.

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En el Informe McKinsey (New York,EUA) Michael Barber, y Mona Mourshed señalan que “los auténticos líderes son innovadores, capaces de anticipar el futuro y de prever soluciones a problemas nuevos. Ellos comprenden que mirar al futuro sin actuar, es apenas soñar y que actuar sin visión de futuro carece de sentido” (2007).

Por lo tanto, el profesor que es líder tiene clara su misión, teniendo muy presente que un aspecto fundamental de su liderazgo es la capacidad para comunicar ideas y entusiasmo, para convencer e influir en los estudiantes logrando insertar en el proceso educativo el compromiso y participación efectiva de cada uno de las y los estudiantes. El profesor líder educativo conoce que la acción educativa se refiere no solamente a “cómo” hacer las cosas, sino a saber y comprender por qué y para qué se deben realizar las actividades y tareas educativas en forma armónica, coordinada e integrada.

Una de las más importantes características del profesor líder, es que infunde confianza y confía en las capacidades de las y los estudiantes para que sea posible el engranaje del grupo con el que trabaja, la confianza genera responsabilidad, promueve la participación y desarrolla la creatividad, tanto el ejemplo como el trabajo orientado y organizado conforma esa fuerza que puede transformar a los estudiantes y convertirlos en verdaderos agentes de cambio, en transformadores de su propia realidad. Así se logra la cohesión del grupo con una estructura más sólida y un clima psicológico-social que produce satisfacción en el transcurso de la acción de enseñanza aprendizaje hasta lograr los objetivos previstos y evaluar los resultados logrados según los parámetros de calidad y eficiencia.

El auténtico profesor líder se perfila como ejemplo y desarrolla la habilidad de autoevaluarse, de reconocer sus posibilidades y limitaciones, sus aciertos y equivocaciones para mejorar el concepto y la estima de sí mismo y de los demás, generando así un ambiente de verdadero  crecimiento personal y profesional.

Norman Arthur Sprinthall quien fuera profesor emérito de la Facultad de Educación del Estado de Carolina del Norte, en su libro “Psicología Educacional” señala lo siguiente: “El profesor como líder, puede ejercer una enorme influencia en la definición de grupo. Nosotros hemos señalado que una clase puede evolucionar de muy distintos modos, así puede ser desde una simple colección de individuos egocéntricos, en la que cada uno hace una cosa diferente, hasta una máquina con un engranaje perfecto, en la que cada individuo solo puede ser definido por su pertenencia al grupo. Si el profesor no conoce las variables sociales, o decide no ejercer el papel de líder, los estudiantes impondrán su propio estilo de funcionamiento”.

En estos tiempos en donde dirigir el proceso docente de enseñanza aprendizaje con  tendencias pedagógicas de avanzada, exige que los maestros asuman una posición de liderazgo con respecto a sus estudiantes, y ello implica la necesidad de cambiar las características y el rol del profesor, transformarse en un profesor líder significa innovar, inspirar confianza en sus estudiantes, motivar y promover la participación de todas y todos los alumnos, trabajar con disciplina llevando a los estudiantes a analizar el qué y el por qué, enseña a aprender, a tomar decisiones, escucha, evalúa, estimula, orienta trabaja con todo el grupo.

En suma, el profesor líder en contraste con el profesor tradicional, muestra capacidad para adaptarse a las transformaciones y necesidades  que la educación va requiriendo en cada proceso, de tal suerte que el líder educativo participa activamente en la implementación y aplicación de proyectos educativos renovadores, transformadores, de organización y gestión, a través de evaluar y evaluarse de forma periódica, ser perseverante, plantearse objetivos realistas, tomar decisiones certeras y eficaces para fomentar y promover la mejora continua.

Todo lo aquí descrito pareciera ser una utopía, principalmente porque la formación magisterial en nuestro país está totalmente alejada de forjar líderes, profundizándose más en estos últimos años, en donde no existen políticas públicas orientadas a mejorar la calidad de la educación, alejándonos cada vez más de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y del ODS-4 que precisamente aborda el tema de la Educación de Calidad.

Es momento y tiempo de reorientar los objetivos, y comprender que lo que el país necesita es inversión en educación, para poder tener la capacidad de enfrentar un mundo cada vez más cambiante.


Laura Águila Franco

@laura_aguila

Lic. en Psicología por la UNAM. Me he desempeñado como Psicóloga Escolar por espacio de 20 años, y como Directora Académica en los niveles de Preescolar y Primaria en colegios privados los últimos 15 años.

Formadora de Directivos y Docentes en la Reforma Integral de la Educación Básica (UNAM-SEP, 2009-2010), Participante en el Sexto Congreso Nacional de Primaria 2014 “Desafíos en el Aula”, en la Unidad de Congresos del CMN Siglo XXI.


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