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Educación verde: el desarrollo sostenible como urgente necesidad | Enfoque Educativo con Laura Águila Franco

La Alianza para una Educación Verde es una iniciativa mundial que adopta un enfoque integral para ayudar a los países a afrontar la crisis climática aprovechando el papel fundamental de la educación, promovida por la UNESCO a través del programa Educación para el Desarrollo Sostenible, constituyéndose como una importante plataforma de colaboración para los gobiernos, organizaciones de la sociedad civil, investigadores, académicos y personas interesadas en adquirir conocimientos, competencias y valores necesarios para hacer frente al cambio climático, promoviendo acciones para el desarrollo sostenible.

Verónica Solares Rojas, subdirectora de Educación y Vinculación de la Coordinación Universitaria para la Sustentabilidad (COUS) de la UNAM, afirmó que el tema de “Sustentabilidad y Cuidado del Medio Ambiente”, tiene como finalidad fortalecer la educación sobre este aspecto en todos los niveles y modalidades de educación, considerando que la sustentabilidad plantea una relación de dependencia y equilibrio en tres dimensiones: ambiental, social y económica.

La especialista ha resaltado que existe una gran pérdida de biodiversidad por causas como la deforestación, el tráfico ilegal de especies y la contaminación, siendo categórica al señalar que “Hemos roto las cadenas alimenticias y alteramos todo el ecosistema, afectamos los ciclos bioquímicos (agua y de carbono). Todo esto está asociado con las condiciones de pobreza e inequidad, con los procesos de migración, muchas islas se ven afectadas por el nivel del mar y la gente tiene que migrar”.

¿Qué es la Educación Verde?

En agosto de 2020, el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático anunciaba un ambicioso programa titulado “Programa Escuela Verde”, estructurado bajo seis líneas de acción: Educación para el consumo sustentable y el manejo de residuos sólidos; Manejo sustentable del agua; Eficiencia en el consumo de la electricidad; Salud y estilo de vida sustentable; Educación Ambiental y Acciones ambientales comunitarias, contando como ejes articuladores y transversales, los enfoques de género, interculturalidad y cambio climático.

Este Programa está basado en el que se realizó con anterioridad de manera conjunta entre la SEP, la SEMARNAT y las autoridades educativas estatales y municipales entre 2010 y 2013, y que operaba en diferentes entidades federativas, promoviendo la acción colectiva para mejorar el ambiente y la calidad de vida, estableciendo las estrategias, líneas de trabajo y las acciones sistemáticas para un óptimo desempeño ambiental de la escuela.

Su principal contribución se refiere a la formación de todos los agentes educativos (estudiantes, docentes, directores, personal escolar, familias), involucrándolos en acciones de prevención, atención y búsqueda de soluciones a los problemas ambientales del contexto en donde se ubica cada centro escolar.

La importancia de este programa radica en que, en palabras de Teresita del Niño Jesús Maldonado Salazar, Subdirectora de Educación Ambiental de SEMARNAT permite promover que las comunidades educativas impulsen acciones integrales que contribuyan a disminuir su impacto en el ambiente, a la mitigación y la adaptación al cambio climático y a la formación de una ciudadanía ambientalmente responsable”.

Sin embargo, este tema no es nuevo, durante décadas se ha abordado el desarrollo sostenible con sus consecuentes propuestas para afrontarlo, así tenemos el Informe Brundtland, denominado así por la Dra. Gro Harlem Brundtland quien utilizó por vez primera el término “desarrollo sostenible”, a finales de los años ochenta de siglo pasado siendo Primera Ministra de Noruega, y que encabezaba en ese entonces la comisión internacional para replantear las políticas de desarrollo económico, por encargo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Este informe se firmó en Oslo el 20 de marzo de 1987, originalmente llevando como título “Nuestro futuro común”, definiendo el desarrollo sostenible como “aquel que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las propias”.

Con base en este Informe, la Declaración de Río sobre el Medioambiente y el Desarrollo (1992) incluyó la definición del Informe Brundtland en su Principio 3°; en 2002, durante la Conferencia Mundial sobre Desarrollo Sostenible de Johannesburgo, se reafirmó el término como eje clave de la agenda internacional. Para el año 2015, durante la 70º Asamblea General de la ONU en Nueva York, se firmó por parte de 193 jefes de Estado y de Gobierno la Agenda 2030, con 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y 169 metas económicas, sociales y medioambientales, convirtiéndose en la hoja de ruta del desarrollo para esta década, además de una estrategia clave para luchar contra el calentamiento global.

De este modo, la “educación verde” busca capacitar a estudiantes de todas las edades y grados escolares, para enfrentar de manera efectiva los retos mundiales que impactan de manera global, como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, el uso insostenible de los recursos y la desigualdad, ayudándolos en la toma de decisiones sustentadas, para promover el cuidado del planeta, con miras a un desarrollo inclusivo y sostenible, favoreciendo el tránsito hacia economías digitales y verdes.

Naturalmente que una “educación verde”, requiere también que los centros escolares se definan como “escuelas verdes”, es decir, que estas escuelas adopten un enfoque integral de Educación para el Desarrollo Sostenible (EDS), principalmente en lo que se refiere al cambio climático, y se incluya en su currículum de enseñanza, instalaciones y operaciones, gobernanza escolar (definida como los mecanismos institucionales para la participación de distintos sectores y actores de la sociedad en el proceso educativo y la coordinación entre ellos: gobierno federal, autoridades educativas locales, el sindicato, las escuelas, docentes, padres de familia, sociedad civil y el Poder Legislativo) y asociaciones comunitarias. Las escuelas verdes tienen como objetivo promover el conocimiento y las habilidades para los aspectos sociales, económicos, culturales y ambientales del desarrollo sostenible, considerando la inclusión de todos los géneros y antecedentes, para que los estudiantes puedan aprender lo que viven y vivir lo que aprenden.

Los esfuerzos por resolver el cambio climático y generar un desarrollo sostenible pareciera que quedan en solamente “buenas intenciones”, ya que el interés de los gobiernos no se centra en estos trabajos, por el contrario, se demerita la labor que estudiosos, científico y algunos políticos a nivel mundial realizan.

Para poder consolidar un verdadero cambio que se refleje en políticas públicas que generen soluciones para un desarrollo sostenible, la educación es una vía idónea para con seguirlo, y entonces se requiere remontarse a la educación desde etapas iniciales, desde las y los niños más pequeños, ir sembrando y desarrollando en ellos la conciencia del cuidado medioambiental, de que solamente tenemos una casa, un planeta, y de que es labor de todos contribuir para construir soluciones que nos lleven a tener un mejor futuro ambiental, social y económico.

Laura Aguila Franco

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