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Diálogo de sordos: aspiracionismo y clases medias

Columna de Jesús Islas 🖋️

En las últimas semanas, la confrontación del presidente López Obrador con las clases medias ha generado una ola de indignación y críticas de parte de diversos analistas y actores políticos, desatando las más variadas reflexiones para intentar, entre otras cosas, definir la composición, límites y características de este sector social, así como sus aportaciones a la vida social, económica, política y cultural de México.

Más allá del uso político de este nuevo capítulo de polarización de la vida pública del país, el episodio reafirma que se ha instalado en la discusión pública un clima de intolerancia y exclusión respecto a los argumentos del “otro”.

Es decir, no importa lo que digas, a priori está mal y no tiene ninguna validez. 

Desafortunadamente, cuando el insulto, la descalificación o los adjetivos son nuestros recursos lingüísticos principales para comunicarnos entre sí, poco espacio puede haber para el entendimiento. Adicionalmente, si a ello le sumamos la no existencia de un plano equivalente de términos comunes y racionales mínimos para la discusión, lo que tenemos son posturas que se asumen como portadoras de la verdad absoluta.  

Así, por ejemplo, quienes airadamente se molestan por los dichos del presidente en contra del aspiracionismo de las clases medias, seguramente cuentan con argumentos racionales para defender una cultura del esfuerzo, la meritocracia y, desde luego, el derecho a anhelar mejores condiciones de vida.

Evidentemente, entiendo que el problema está en la estigmatización que se hace de un sector de la población. Sin embargo, me parece que, en ese clima de enojo y exclusión que padecemos, se ha perdido de vista que existe algo de verdad en las palabras del presidente López Obrador, probablemente, mal, o maliciosa y racionalmente expresadas.

Desafortunadamente, esta sociedad del consumo, capitalista y de valores individuales exacerbados en la que vivimos —los comportamientos irresponsables ante la covid, aludiendo a la libertad personal y desdeñando la responsabilidad colectiva son un buen ejemplo de esto último—, nos ha educado en la competencia y en una idea particular sobre el éxito, el cual se mide en términos materiales y económicos. Bajo dicho contexto, es válida la crítica presidencial hacia ese tipo específico de aspiracionismo que busca triunfar a toda costa, pero, no en términos de esfuerzo, sino de quebrantamiento de la legalidad y los valores sociales. 

Indudablemente, el “error” del presidente ha sido asociar este comportamiento a un sector social en específico, como si no fuera un problema al que cualquier persona, que no ha sido educada con valores y principios más solidarios y menos materialistas, pudiera enfrentarse, independientemente de su clase y condición social.  

Por otra parte, el error —este sí real— de sus críticos y opositores es intentar debatir racionalmente un criterio de diferenciación moral que, en la lógica populista, le permite al presidente reafirmar su movimiento y liderazgo identitariamente. 

Al respecto, es importante recordar que la división identitaria y moral del espacio político que proponen los populismos conlleva a que el pueblo, como elemento central en sus lógicas, tienda a ser asociado con lo moralmente puro y bueno; mientras que “los otros” (la mafia del poder, la oligarquía, los conservadores, los fifís, las clases medias, etc.), no representan a la nación, y tienen un carácter corrupto y moralmente inferior. 

En ese sentido, que los opositores demanden un alto a la estigmatización de las clases medias, y que como contraargumento utilicen las historias de esfuerzo y los sueños personales de la gente, habla de lo poco que entienden la lógica populista para desmontarla y generar una narrativa que le haga frente de forma eficaz.

Diferente sería, reconocer la crítica presidencial al aspiracionismo sin límites morales y legales, rompiendo así la cadena de la polarización, pero trasladando la discusión al plano de las propuestas y las soluciones que nos permitan modificar las condiciones estructurales de diversa índole, para que el único límite a nuestros sueños en este país sea el esfuerzo y el empeño personales. Y que, por el contrario, aquellos que quebrantan la ley y el orden social no se salgan con la suya, y encuentren no sólo castigo, sino condena social.

 Jesús Miguel Islas Santiago

@Jesus_Islas

Lic. en Ciencias Políticas y Administración Pública por la UNAM. Alumno de la maestría en Ciencia Política de la Universidad Nacional de la Plata. Ex becario del Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología de la República Argentina.

Los comentarios realizados por las plumas invitadas en dlpoder.com reflejan perspectivas y análisis personales. DLpoder es un medio de comunicación democrático en donde todas las perspectivas aportan valor y son respetadas sin discrepancia.

 

“Indispensable para entender las verdaderas razones del triunfo y fidelización alrededor del presidente actual de México; obligada lectura para la oposición.” Sergio Dávila

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