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Deserción escolar en México por pandemia: Un foco rojo urgente de atender

Enfoque Educativo con Laura Águila Franco 🖋️

El 23 de marzo pasado, el INEGI (Instituto Nacional de Estadística y Geografía) daba a conocer los resultados de la Encuesta para la Medición del Impacto COVID-19 en la Educación (ECOVID-ED), informando los resultados del término del ciclo escolar 2019-2020 e inicio del actual 2020-2021.

Si bien lo mostrado en el reporte son datos alarmantes y que requieren acciones inmediatas por parte de las autoridades competentes, es un panorama que se vislumbraba desde junio de 2020, aumentando sus alertas en agosto, cuando inicio el presente ciclo escolar.

Desde luego impacta conocer que 2.3 millones de niñosadolescentes jóvenes no se encuentran inscritos en ninguna escuela por motivos asociados a la emergencia sanitaria; 2.9 millones por no contar con recursos, y 3.6 millones porque tuvieron que laborar.

Lamentablemente el alumnado entre tres y 29 años que sí estuvo inscrito en el ciclo escolar 2019-2020, pero que no continuó o desertó del sistema educativo para el periodo 2020-2021 debido a la pandemia o a la falta de recursos económicos ascendió a 1.8 millones.

En el informa también se puntualiza que la gran mayoría de los estudiantes que no regresaron a las aulas fueron de escuelas públicas, con 1.5 millones de casos, contra aquellos de instituciones privadas, que ascendió a 243 mil. De los 54.3 millones de niños, adolescentes y jóvenes en el país, 62% (33.6 millones) estuvo inscrito en el ciclo escolar 2019-2020, pero de ese total 2.2% (738.4 mil personas) no concluyeron el ciclo escolar,  el 58.9%  señaló al Covid como la causa que les impidió concluir.

Como bien se recuerda, la Secretaría de Educación Pública (SEP)  había afirmado estar preparada para recibir a todos los estudiantes que cambiaran  de la  educación privada a la educación pública, Marcos Bucio Mújica, quien fungía como subsecretario de Educación Básica en ese momento, aseveró: “El sistema educativo en México es muy poderoso. Nadie se va a quedar afuera, estamos preparados para recibir esa migración que se dé de escuelas privadas de forma natural por las condiciones económicas”, sin embargo la realidad ha sido una muy distinta para los estudiantes, pues las escuelas públicas no pudieron mantener no siquiera sus propias matrículas.

Ante este mismo panorama, y desde un punto de vista más realista, Yoloxóchitl Bustamante Díez, quien fuera Directora del IPN, y actualmente se desempeña como Secretaria de Educación en el Estado de Guanajuato, comentó muy acertadamente en su participación en el Foro EF Meet Point en julio de 2020, “lo que sucede en realidad es que las escuelas públicas no tienen la posibilidad de rechazar a los alumnos que transitarán de lo privado a lo público, pero que tampoco existen los espacios suficientes para recibirlos… si además vamos a tener el extra de estudiantes que vengan de escuelas particulares, la única manera sería tener más salones y más docentes, para lo cual no hay ningún presupuesto.”

En julio de 2020, UNICEF, en el documento “Recomendaciones en el contexto de la pandemia por COVID-19”, había alertado que las desigualdades a las que se enfrentan los grupos vulnerables manifestaban un incremento, generando que fueran aún más vulnerables, sumando otros factores que ubicaban a la población adolescente, probablemente como una de las más afectadas. En México, hay alrededor de 22 millones de adolescentes entre 10 y 19 años,  y antes de la pandemia, 2 de cada 10 adolescentes de entre 12 y 17 no se encontraban inscritos en ninguna escuela. El pronóstico anunciaba que la crisis actual incrementaría el problema del abandono escolar, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) anunciaba que  más del 15% de jóvenes que estudian el nivel medio superior no regresarán a clases en el siguiente ciclo escolar, acentuando aun más las brechas educativas que se irán acumulando desde edades tempranas, sin olvidar el factor económico. 

Estamos lamentablemente corroborando, el hecho de que a raíz de un año de confinamiento por pandemia, la deserción escolar es una lacerante realidad, en la que influyen factores como: lo complejo que ha resultado mantener una calidad educativa utilizando solamente los recursos disponibles en casa, acrecentando la disparidad en oportunidades de aprendizaje en poblaciones que no cuenten con los facilitadores, y que trae de la mano el cúmulo de deficiencias académicas, siendo esto un  factor de peso para abandonar la escuela.

En un estudio reciente de la OCDE, en donde se utilizó el índice de estatus económico, social y cultural (ESCS) de PISA 2018, se observó que en México, en promedio, sólo el 50% de estudiantes tiene internet y computadora en casa, hecho que lo posiciona como el país en el último lugar en este rubro.

Si se considera también la escasa preparación  en el uso de las tecnologías en procesos pedagógicos, de las y los maestros, y tampoco contar con  materiales didácticos acordes a las nuevas necesidades para utilizar e impartir clases a distancia, así como que para muchas madres y padres ha sido complicado apoyar a sus hijas e hijos con la educación remota, el panorama es todavía más espinoso.

Otro factor es la pérdida y consecuente búsqueda de empleo para sacar adelante la economía familiar, siendo un componente que incide en el abandono escolar, los integrantes de las familias se han visto en la apremiante necesidad de buscar un ingreso, incluyendo a los adolescentes, originando que abandonen sus estudios.

El intento de convertir los hogares en “pequeñas escuelas”, las pantallas de las dispositivos en solamente duplicadoras de imágenes de libros y actividades que los profesores comparten, y los padres de familia en docentes ha sido una estrategia fallida, que ha originado condiciones problemáticas de difícil resolución. Como respuesta, el planteamiento de las autoridades educativas ha significado cargas de trabajo y evaluaciones carentes de sentido ante la dimensión y complejidad de la situación  educativa generada por la pandemia.

Si para los alumnos y las familias que cuentan con dispositivos tecnológicos y adecuada conexión a internet, esto ha sido complicado –lo que ha causado que muchos estudiantes, aunque tengan acceso a internet, no se conecten ni realicen las actividades recomendadas por las autoridades educativas o por los maestros en línea– más lo ha sido para quienes carecen de medios tecnológicos y de capital cultural.

La propuesta emitida por parte de la Secretaría de Educación Pública en educación básica para enfrentar la emergencia por Covid-19, se ha mantenido centrada en el continuismo curricular, estructura que solamente permite ser reproductor de prácticas educativas obsoletas que si son inoperantes en un aula de manera presencial, mucho más lo son en clases en línea, además de olvidar considerar que gran número de estudiantes y docentes se encuentran inmersos en un contexto de brechas digitales y exclusiones educativas,  lo que resultó  a todas luces una respuesta insuficiente e irrelevante.

Guy Ryder, Director General de la OIT (Organización Internacional del Trabajo), también alertaba lo siguiente: 

“La pandemia tiene una repercusión muy adversa en los jóvenes. No sólo merma su empleo y futuro profesional, sino que menoscaba en gran medida su educación y formación, y por ende, su bienestar mental. No podemos permitir que eso suceda” (julio 2020).

Palabras que penosamente fueron ignoradas, y ahora que el ciclo escolar se encuentra en el último trimestre para concluir, se vislumbra un panorama devastador y cuyos efectos no solamente repercuten en lo inmediato, también se observarán en el mediano y largo plazo, en un sistema educativo decadente y en la sociedad en su conjunto. Los responsables de atender esta emergencia no han querido implementar verdaderas estrategias para atender esta problemática, por ignorancia, insensibilidad o arrogancia, han minimizado las consecuencias negativas que el cierre permanente de centros escolares ha significado: interrupción de los aprendizajes, incremento de niveles de estrés en alumnos, padres de familia y docentes, y el efecto más severo que marca la mencionada encuesta, la deserción escolar.

El rezago en los aprendizajes, entendido como la carencia de aprendizajes esperados de acuerdo a la edad y grado escolar de los estudiantes, es una condición  ya existente antes de la pandemia, e incluye a los alumnos que aunque asistían con regularidad al colegio, por diversas razones no lograban los estándares correspondientes a su grado, mermando así la oportunidad de continuar con trayectorias escolares exitosas, destacándose  áreas como la comprensión lectora y matemáticas principalmente.

Si en estos momentos se adiciona la “pérdida de aprendizajes” (learning loss), y que abarca cualquier pérdida general o específica de conocimientos y habilidades o retrocesos en el progreso académico, más comúnmente debido a brechas o discontinuidades extendidas en la educación de un estudiante, y que en esta emergencia sanitaria estarán básicamente generadas como resultado de la prolongada ausencia a los centros educativos, el tema se recrudece más. El Banco Mundial estima que un 25% de los estudiantes  “pueden caer por debajo del nivel básico de competencia necesario para participar eficaz y productivamente en la sociedad, y en el aprendizaje futuro, como resultado únicamente del cierre de escuelas” (ONU, agosto  2020)

¿Cómo se puede convertir esta compleja situación en una oportunidad para revertir el rezago escolar?

Un punto medular  lo representa la recuperación de aprendizajes, no interesa si las clases son presenciales, semi presenciales o a distancia, centrándose en aprendizajes básicos, lectura, escritura y matemáticas, más que priorizar alcanzar los aprendizajes esperados. Que los centros educativos y su cuerpo docente, desarrollen o diseñen verdaderos instrumentos y herramientas diagnósticas que permitan identificar de manera sencilla y eficaz el rezago y la pérdida de aprendizajes básicos generados por el confinamiento.

Utilizar metodologías novedosas para enseñar desde “el momento o nivel real” que necesiten los estudiantes (aprendizaje adaptativo). Si bien estas acciones podrían ser de gran ayuda y soporte, no son las únicas ni tampoco las suficientes para resolver el problema que se tiene en educación, se requiere del compromiso del gobierno, docentes, directivos, autoridades educativas, padres de familia, estudiantes y la sociedad en su conjunto para poder construir soluciones efectivas a corto plazo.

Por lo que no es conveniente pretender regresar a clases aplicando las mismas prácticas educativas, tanto en el sector público como en el privado, y no se habla solamente del uso de la tecnología, que es algo de lo cual difícilmente se va a poder prescindir en el futuro inmediato, urge modificar la idea o conceptualización de un salón de clase por “espacios de aprendizaje”, en donde el interés primordial sea desarrollar las competencias de los estudiantes, considerar organizar y redistribuir los tiempos de trabajo y descanso, y en donde los docentes orienten y promuevan entre los estudiantes el desarrollo de proyectos de investigación, en donde se privilegie la apertura y la flexibilidad para innovar.

Visualizar que las escuelas cuenten con un espacio y tiempos que permitan al cuerpo docente y directivo, intercambiar ideas y experiencias, una constante retroalimentación de cómo se va avanzando en la recuperación de los aprendizajes. 

Penosamente, se constata una vez más que la emergencia sanitaria  por COVID19 resaltó de forma mayúscula los problemas que viene arrastrando el sistema de educación pública en México, que con tantas alertas desde el inicio de la pandemia no se haya tenido el interés por apuntalar el sistema educativo, capacitar a los docentes, diseñar modelos acordes a las nuevas necesidades de los estudiantes, y haber hecho hasta lo imposible por evitar el abandono escolar.

La cruda realidad nos habla de una “generación perdida”, pues no solamente hay que considerar estos dos ciclos escolares deficientes, sino lo que representa en términos de estancamiento, ya que recuperar esos aprendizajes y calidad de los mismos, requerirá más de un ciclo escolar y de cursos remediales, lo más probable es que estos estudiantes lleven arrastrando en sus vidas el lastre de un gobierno indolente, que se ha cansado de demostrar que el interés primordial no es la educación.

Preocupante es también el conocer qué están haciendo esos millones de niños y jóvenes que abandonaron las escuelas, simplemente no hacen nada, se encuentran insertos en el comercio informal, o se convertirán en presa fácil para narcotraficantes, quienes les ofrecerán una forma rápida y “sencilla” de obtener dinero.

Cierro esta participación con las palabras del Secretario General de las Naciones Unidas, y muy adecuadas para reflexionar:

“Ahora nos enfrentamos a una catástrofe generacional que podría desperdiciar un potencial humano incalculable, minar décadas de progreso y exacerbar las desigualdades arraigadas […] Las decisiones que los gobiernos y los asociados tomen ahora tendrán un efecto duradero en cientos de millones de jóvenes, así como en las perspectivas de desarrollo de los países durante decenios […] Ahora que el mundo enfrenta niveles insostenibles de desigualdad, necesitamos la educación  – el gran igualador  ̶  más que nunca”.

Antonio Guterres, (Guterres, 2020).


Laura Águila Franco

@laura_aguila

Lic. en Psicología por la UNAM. Me he desempeñado como Psicóloga Escolar por espacio de 20 años, y como Directora Académica en los niveles de Preescolar y Primaria en colegios privados los últimos 15 años.

Formadora de Directivos y Docentes en la Reforma Integral de la Educación Básica (UNAM-SEP, 2009-2010), Participante en el Sexto Congreso Nacional de Primaria 2014 “Desafíos en el Aula”, en la Unidad de Congresos del CMN Siglo XXI.

Certificada en el Curso “Aprendizajes Clave para la Educación Integral” (SEP 2018), participante en el Taller “Aprendizaje Efectivo y el Rol del Coordinador en Colegios UNOi” (2020), así como en el Webinar “Herramientas Digitales para la Enseñanza” (UNETE-SEP 2020).

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En un estudio reciente de la OCDE, en donde se utilizó el índice de estatus económico, social y cultural (ESCS) de PISA 2018, se observó que en México, en promedio, sólo el 50% de estudiantes tiene internet y computadora en casa, hecho que lo posiciona como el país en el último lugar en este rubro.
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